Querido Hermano, Aprendiz recién entrado en la Respetable Logia Germanies 8, al Oriente de Valencia:
Bienvenido a la Masonería. Acabas de ser iniciado en una Logia de la Gran Logia de España. No se qué te atrajo a pedir el ingreso en nuestra Orden: tal vez la curiosidad, la tradición familiar, tus lecturas históricas o, sencillamente, acompañar en tal aventura a un buen amigo que te merece confianza. Sean cuales fueren tus razones, quedarán superadas por la realidad. Irás descubriendo muchas más cosas. Bienvenido.
En la primera de las fotografías que ha llevado a las Redes Sociales el Venerable Maestro que te inició, se te ve serio, tal vez un poco abrumado después de unas pruebas que te imaginabas más duras y tenebrosas. El “protagonista” es, en esa fotografía, el Venerable Maestro, Óscar Alfonso, situado delante de todos y en esa postura que tanto le gusta de cowboy a punto de sacar las pistolas; compréndele, no le juzgues con severidad, para Óscar cualquier ocasión es poca para sentirse el más importante, no lo puede superar, lo necesita desde la infancia. Pero el protagonista eres tú, querido Hermano, porque Óscar es ya el pasado de la Masonería y tú todavía eres el futuro, la esperanza: no nos defraudes.
En la siguiente fotografía ya estás más sonriente. Espero que siempre conserves esa sonrisa del que se encuentra tranquilo y feliz entre Hermanos en quienes confiar. La sonrisa, querido Hermano, es mucho más apreciable que la carcajada, más profunda y sensible, tiene más valor. Pudiera ser que tu sonrisa parezca un poco forzada por las circunstancias, por la chirigota de tus Hermanos de Logia quienes, unos más espontáneamente que otros (la escala que va de la adulación bobalicona a la cobardía vergonzante), le ríen la gracia al Venerable Maestro, Óscar Alfonso.
Durante el regreso a tu casa, al quitarte el traje oscuro y guardar tu nuevo mandil, los guantes y la medalla de Logia, te habrás formulado muchas preguntas. Es normal, no te preocupes. Deseo que hayas llegado perfectamente sobrio, quizá hayas tomado una o dos copas de vino para acompañar el ágape y hacer los brindis rituales, no mucho más. Pudiera ser que el Venerable Maestro, Óscar Alfonso, te haya hecho esa broma cuartelera que tanto le gusta hacer, esa broma cuartelera que consiste en obligarte a brindar, entre las risas estentóreas de sus aduladores y las risas nerviosas de los prudentes, entrelazando tu brazo derecho con el suyo, con una enorme copa de casi una botella de capacidad. Si ha sido así, discúlpanos, no es una costumbre de la Fraternidad, solo es una gracia de Óscar Alfonso.
Te habrá llamado la atención, como a nosotros, que, en una ceremonia tan importante como una Iniciación, tan solo te acompañaran doce Hermanos y te preguntarás cómo es que en Valencia, y en la Logia de alguien que te han dicho que es el Gran Maestro, haya tan pocos Hermanos. Te imaginabas, tal vez, una reunión espectacular con decenas de Masones, pero la sociedad cambia a una gran velocidad y los valores que decimos cultivar los Masones no se cotizan mucho ahora. Sin duda habrá sido eso, pues no se explica de otra manera que una persona tan conocida, apreciada y respetada en Valencia como Óscar Alfonso no tenga mayor capacidad de atracción.
La Masonería te ofrece la satisfacción de conocerte más y de ser una persona mejor siguiendo un método que consiste en reflexionar sobre el significado oculto de las herramientas de los constructores, buscando en cada una de ellas una referencia moral a practicar, y ejercitando la Fraternidad. Es un método exigente que te dará profundas satisfacciones pero que, en otros momentos, te puede resultar hasta doloroso. No te preocupe que haya pocos Hermanos en la Logia, el objetivo de los masones no es el de aumentar sin tasa su número, preferimos escoger para este camino la compañía de personas verdaderamente deseosas de mejorar y, por ello, dispuestas a trabajar. Si nos encontraste en Instagram, Twitter, Facebook o cualquier otra red social, que sepas que estamos allí simplemente para decir que existimos y para poder ser llamados por quien quiera unirse a este desafío apasionante. Es verdad que los Hermanos dedicados a esta tarea de la Comunicación, e incluso el propio Óscar Alfonso, no siempre aciertan y a veces nos causan sonrojo, pero seguro que lo hacen sin querer. Cuando escriben mensajes simplones en Twitter, de esos que te recuerdan un libro de autoayuda de los que se venden en quioscos junto a revistas del corazón, o cuando publican fotografías y selfies propios de una pandilla de adolescentes con las hormonas sublevadas, no lo hacen para ponernos en ridículo; es que no lo saben hacer mejor. Han madurado en muy poco tiempo o no han tenido Maestros.
El propio Óscar Alfonso pronto te convocará a una reunión de Masones Jóvenes (¿en edad masónica o en edad biológica?) y aprovechará, como suele hacer, para halagar tu juventud y prevenirte contra los Masones mayores (¿en edad biológica o masónica?). La reunión, ya lo verás, forma parte de su eterna campaña electoral, porque a Óscar Alfonso le va la vida en ella. Te dirá que no necesitas Maestros, como dijo en el Ateneo de Madrid, porque la Masonería la tienes que aprender tú solo, pero no lo creas. La Masonería es un inacabable camino solitario, es cierto, pero es muy importante la experiencia de quien sabe el calzado que hay que ponerse, la mejor manera de usar el bordón o como distinguir las señales que te llevan hacia la meta de las otras señales que solo están para distraerte. Óscar Alfonso no quiere una Obediencia de personas maduras y responsables, prefiere un rebaño de tiernos corderitos que sigan al lobo tragón.
Habrás observado con curiosidad esos hashtags tan simpáticos que siempre añade Óscar Alfonso a su profusa bibliografía instagrámica. Por ejemplo, habrás visto uno que pone #emulata. Se refiere a uno de los muchos ritos existentes para practicar la Masonería, el de tu logia, un rito inglés llamado Emulación. No es ni mejor ni peor que otros, como el REAA, el Francés etc. Pero Óscar prefiere que los ritos, las formas diferentes de trabajar masónicamente, sean como equipos de fútbol y compitan entre sí (los del Real, los del Barça, los del Atletic), que se conviertan en un motivo más para separar a los Hermanos. Esa es su estrategia de siempre y con la que pretende seguir siendo el Gran Maestro para toda la eternidad. No le hagas caso.
El Primer Vigilante de tu Logia te dijo ayer, al imponerte el mandil blanco de Aprendiz: “…por orden del V.M. os invisto con el Mandil, distintivo del Masón. Es más antiguo que el Toisón de Oro o que el Águila romana; es más honorable que la Orden de la Jarretera o que cualquier otra Orden existente, ya que es símbolo de inocencia y lazo de amistad. Os exhorto firmemente a que siempre lo portéis y lo consideréis como tal, y os digo también que si no deshonráis este Mandil él nunca os deshonrará”. Haz lo que te dijo, luce tu mandil con dignidad sin afectación, respeta ese símbolo que heredamos de nuestros Hermanos operativos y que han llevado antes que tú millones de Hermanos. Algunos Masones han pagado con su vida el usar ese emblema centenario. Otros, verdaderos profanos disfrazados de Masones, se lo ponen como un disfraz de chirigota carnavalera para hacerse fotografías o como un delantal para preparar paellas. No les hagas caso.
Pregunta, observa, no te sumes a las filas de cobardes y, cuando llegue el momento, opina mirando a los ojos y con respeto.
Bienvenido, querido Aprendiz Entrado de la Logia Germanies número 8, a este tablero ajedrezado. Que el Gran Arquitecto del Universo te guíe.
Artículo firmado por: «H. Seaworth»
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